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Chesco Romero Ciborro

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Vivencias y convivencias de un cacereño orgulloso de su tierra, harto de sus políticos y cansado del conformismo de sus paisanos.

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Sábado, 10 de mayo de 2008

Inmigrante

Lo tenía justo enfrente, apenas a metro y medio tras la barra. Camarero. Nada más verlo entendí que se encontraba perdido, desubicado y, sobre todo, asustado. Era pequeñito, calvete, de alrededor de unos treinta años, con esa tez morena de aspecto curtido que portan las personas que han trabajado bajo el sol durante toda su vida; sus ojos negros denotaban tristeza y sus ademanes, lentos y torpes, translucían una desorientación patente. Extranjero, “de algún país de al otro lado del charco” – pensaba mientras esperaba mi turno para pedir el desayuno.
 
En el otro extremo del interior de la barra, un cabrón. Español. Blanco, muy blanco, flaquito y con cara de muy mala hostia. Camarero también pero, este, manejaba el cotarro del garito con un estilo déspota que dejaba claro al extranjero y a todo aquel que tuviera un par de ojos en la cara quién era el puto amo. Resumiendo, el típico hijo de puta que no querrías tener de compañero en toda tu vida y todas tus reencarnaciones. Gritaba y gesticulaba al extranjero para que todo el mundo se diera cuenta de que era un mierda que no valía para nada y que, si el bar estaba de bote en bote y a la gente no le servían la tostada en su punto, era por la ineptitud del puto inmigrante. Estaba detrás de la barra encargándose de los cafés pero, sin embargo, no dejaba de fumar, gritar, gesticular y cagarse en la madre que parió a todos los mierdas a los que le daba trabajo y no valían para nada. Preguntaba a los clientes qué querían y gritaba al inmigrante las tostadas pedidas. Después volvía a preguntar a los mismos clientes qué era lo que habían pedido de beber. Al españolito se le veía saturado, sobrepasado por la avalancha de clientes que habían llegado a la misma hora y escudaba su incompetencia, inutilidad e incapacidad tras sus gritos y ademanes con la esperanza de enmascararse tras su compañero.
 
Tras diez minutos llegó mi turno.
 
"Perdone la tardanza pero ya ve cómo está el bar y estoy sólo porque este” – dijo señalando al compañero – “es un inútil. Como los últimos tres que llevo contratados. Además no entiende nada de lo que le digo”.

Vaso de leche fría y catalana con jamón. Ni que decir tiene que la catalana con jamón la tuve frente a mis ojos en cinco minutos y el vaso de leche, caliente, me lo bebí tras retirar un zumo de naranja y un café con leche que, el listo del garito, había puesto frente a mi jeta pasado un cuarto de hora.
 
Como la situación me estaba calentando, parte por el puto vaso de leche ardiendo y parte porque desde que entré me puse en la piel del extranjero, mientras le daba a la leche un millón de vueltas con una cucharilla para que se enfriara le pregunté al inmigrante:
 
  • "¿De dónde eres?”.
  • México” – me dijo claramente.
  • ¿Por qué aguantas a ese cabrón?” – le espeté a las claras.
  • Por la plata, wey, por la plata. No aguantaría al gandaya si no es por la plata”.
Tras tomarme la leche y guiñándole un ojo, le dí cinco euros diciéndole:
 
  • Para vos. Esto es parte de tu plata”.
Tras observarme extrañado y mirar un par de veces al jefe para asegurarse de que no miraba, se guardó la plata en el bolsillo del pantalón y me sonrió.

Con las mismas me largué del antro haciendo 'un sinpa oficial' y tras caminar unos metros no pude evitar sonreír tras recordar las palabras del listillo: “No entiende nada de lo que le digo”.
 
¡Qué cabronazo, el wey!.

Por: Chesco Romero Ciborro | Mi vida | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios

Olé tus huevos chesquito.

sergio | 12-05-2008 09:06:52

Chescorro te has superado. Por un momento no sabía si era tu blog o la columna de Pérez Reverte en el Dominical. Muy bueno, tío, muy bueno.

The boss | 12-05-2008 20:11:21

Excelente post Chesco, como bien menciona The Boss, muy "Reverte". No haré más comentarios porque hoy es difícil estar a tu altura ;)

KD | 13-05-2008 08:13:05

Pensando pensando, no quiero ni pensar la ensalada de hostias que le daría el jefe al inmigrante por dejar que alguien se pire sin pagar su consumición.

sergio | 13-05-2008 09:38:04

Bien, Chesco, bien. Asín, Chesco, asín. Cuentanos más cositas a tu estilo. Asín, duro, sin afeitar, cómo me gusta!!

Nacho | 13-05-2008 12:31:12

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