Domingo, 29 de julio de 2007
Aprovechando que Mary Jo pudo juntar cinco días libres no nos lo pensamos y nos marchamos a Chipiona a pasar unos días. Me pedí mis primeros cinco días de vacaciones en el curro y con las mismas nos plantamos en Chipiona (con esto de las autovías está al lado, poco más de tres horas y media, con una parada). Nada que destacar: playa, mucho pescado, paseos por la playa, sol y poco más. En fin lo que se puede hacer en Chipiona y en unas vacaciones. Relax y pescado a manta.
Pero, hoy, 29 de julio, a eso de las diez de la mañana, ay, ay, ay... se empezaron a alinear los planetas para jodernos el viaje de vuelta. Os cuento, poneos en situación:
Diez de la mañana. Kilómetro 10 de la A-480 (autovía Chipiona-Jerez). De repente, suena un ruido y el coche se hace dificil de controlar. Pinchazo. Primer planeta en conjunción con Saturno dándonos el coñazo. "Bueno, menos mal que es la delantera izquierda y dado que el arcén es grandecito no nos vamos a jugar la vida por cambiar la rueda"- pienso.

Nos ponemos nuestros chalecos (en realidad los estrenamos rompiendo el plástico) y ponemos los triángulos de emergencia en su sitio. Salimos del coche y procedemos a cambiar la rueda. Nada del otro mundo, ¿no?. Pues resulta que, un buen día, a mi suegro Teo le da por pintar de gris las ruedas dado que nos habían mangado los tapacubos y llevábamos algunos días con las ruedas tipo camioneta vieja. Segundo planeta en conjunción con Marte se alinea con el anterior. La pintura se ha quedado bien pegada y veremos si podemos cambiar la rueda. Sacamos la rueda de repuesto (no sin dificultad) y el gato junto con la llave para sacar los tornillitos de los cojones. Llave a tornillo, no ajusta bien. Llave en mal estado, coge el tornillo pero se tuerce debido a una muesca de las gordas. Tercer planeta comenzando su alineación.
"Bien, vamos allá. ¡Ahhhhh, su puta madre!", el tornillo no cede ni media vuelta siquiera. Aquí empiezo a acordarme de mi suegro, del día en que se aburrió y pintó las rueditas y del que fabricó la puta llave de mierda.
Miro al cielo y veo como el cuarto planeta se empieza a alinear con los anteriores. Con las mismas llamamos a un número de teléfono que venía en la póliza de seguro y una amable voz de señorita nos comunica que la hora de atención al público es de 9,00h a 20,00h ("¡Por ahora vamos bien"- pienso) y de lunes a viernes ("¡su puta madre, si hoy es domingo!"). Llegados a este punto yo me había cagado encima de todo lo que se movía y maldecía a esos planetas que estaban dándonos por el culo. En estas Mary Jo, saca un número de teléfono de su chistera particular en el que se lee: "Asistencia Técnica". Llamamos y después de darle la situación y demás datos nos indica que la grua tardará del orden de cuarenta y cinco minutos.
Esperando a la grua caigo en la cuenta de que por allí no ha pasado la Guardia Civil en todo el tiempo que llevamos. "Probablemente esos cabrones no sepan ni que existe esa carretera y están agazapados esperando a ponerle una multa a cualquier incauto"- le digo a Mary Jo. Paró alguien a socorrernos. No. "¡Qué me esperen cuando les toque a ellos!"- exclamo. Mientras viene la grua nos leemos la poliza para ver a qué tenemos derecho y qué nos espera si los putos planetas siguen jugando con nuestro destino. En el peor de los casos (que no pudieran arreglarnos el coche) tendríamos derecho a un par de días de alojamiento en un hotel de cuatro estrellas o superior. "Anda, mira, más vacaciones"- digo en tono irónico.
Tras la espera de turno aparece una grua de Maphre, rojita, bonita. "Aquí viene nuestra salvación"- me comenta Mary Jo. Para delante nuestra y al bajar nos dice: "Mal sitio es este para haberse parado el coche, si viene la Guardia Civil nos puede poner una buena multa". Coge su pedazo de llave e intenta girar la tuerca. "Ostias", pienso, "la está girando mal, es hacia el otro lado, ¿no?". Mary Jo me mira y, mientras comienza la alineación del quinto planeta, pone cara de estar pensado: "este gilipollas ha apretado la tuerca en lugar de aflojarla".
"¡Ay, madre, tierra trágame!"- pienso mientras el chaval se afana en intentar aflojar la tuerca. Menos mal que tras algún que otro intento, dice que no se puede y que nos tiene que llevar a un taller de Sanlucar de Barrameda en el que arreglan pinchazos.
"Bieeeeeeeennnn, por lo menos la culpa no es mía y es de la llave y de la pintura de Teo"- me digo a mi mismo. Porque, imaginaos, si llega el chaval y nos quita las tuercas y nos cambia la rueda yo no volvería a ser el mismo... sería un palo demasiado grande en mi honor y preferiría el harakiri antes que decirle; "Es que, verá, señor gruista. Yo pensaba que era 'pal otro lao'."

Tras quitarme de encima un peso tan grande como un planeta nos montamos los cuatro en la grua. Gruista, Mary Jo, el coche y yo. Tras unos kilómetros y ya más relajados empezamos a hacer bromas. "¡Quién diría, eh, Mary Jo, que ibamos a acabar montados en una grua camino de Sanlucar". En esto que Mary Jo decide que hay que hacer fotos para recordar el suceso que pudo acabar en tragedia si llegan a girarse las tuerquitas.
En el taller, nos atiende un chaval, Diego, y en tres minutos, gracias a una pedazo de pistola que quitaba las tuercas como una Diosa de las pistolas que quitan tuercas, nos tenía arreglada la rueda. "Había sido la válvula que se os había estropeado"- nos dijo. "Son cinco euros, maestro"- nos espetó a continuación. Le di siete euros para que se tomará una caña a nuestra salud y con las mismas retomamos el camino a Cáceres. Dos horas después y con el honor intacto esta es la cara que se me quedó:
Por cierto, ojalá que todos los problemas en la carretera fueran así, ¿no?.
Por: Chesco Romero Ciborro | Mi vida | Comentarios (7) | Referencias (0)